
La tradición circense familiar chilena ha sido oficialmente inscrita en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en una ceremonia internacional celebrada esta semana en Nueva Delhi, India.
Este reconocimiento internacional destaca más de dos siglos de legado itinerante, en los cuales familias circenses han recorrido el país de norte a sur, llevando espectáculos de carpa en carpa que combinan habilidades artísticas con prácticas culturales profundamente arraigadas.
“Recibimos con profunda emoción y gratitud esta designación, que honra no solo la labor de los artistas, sino la historia viva de nuestras comunidades“, señaló Carolina Pérez, Subsecretaria de Patrimonio Cultural de Chile, tras confirmarse la inclusión en la prestigiosa lista.
Un oficio con identidad nacional
La manifestación circense constituye un modo de vida para quienes la practican: desde acróbatas y payasos hasta técnicos y maestros de ceremonia, muchos de ellos parte de familias que se sustentan y desarrollan bajo una misma carpa. Esta forma de vida no sólo ha entretenido generaciones de chilenos, sino que también ha actuado como un espacio de inclusión social para mujeres, personas LGBTIQ+ y artistas tradicionalmente marginados.
Impacto social y económico
Más allá de su valor artístico y cultural, el circo tradicional chileno cumple un rol social significativo: organiza funciones solidarias en zonas afectadas por desastres naturales, genera dinámicas económicas en los territorios que visita y conserva un repertorio de saberes que se transmiten de generación en generación.
Planes de salvaguardia
Con motivo de este nuevo estatus patrimonial, las autoridades chilenas han presentado un plan de salvaguardia cultural que incluye:
- Protección laboral reforzada para artistas circenses.
- Fortalecimiento de sindicatos y asociaciones sectoriales.
- Creación de un archivo nacional del circo tradicional.
- Programas formativos dirigidos a niños y jóvenes.
Reconocimiento internacional
Esta inscripción se suma a otros importantes elementos del patrimonio cultural intangible chileno, como el baile chino (2014) y la alfarería tradicional de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca (2022), fortaleciendo la identidad cultural del país a nivel global.


